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1 agosto 2007

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Los países en vías de desarrollo deben cambiar de manera urgente sus tendencias de globalización

Joseph Stiglitz
Joseph Stiglitz

En una amplia y contundente crítica, el premio Nobel Joseph Stiglitz dijo que la situación de miles de millones de personas en países en vías de desarrollo ha sido presistentemente perjudicada por los países ricos, organizaciones internacionales como el Banco Mundial, y políticas globalizadoras equivocadas.

"La situación ha empeorado estos últimos años", dijo Stiglitz el martes 31 de julio en un seminario en Tokio, pero añadió que "El cambio es posible. De hecho, el cambio es inevitable", y destacó una serie de reformas globalizadoras que ayudarían a los países en vías de desarrollo a elevar el nivel de vida de su población.

Sitglitz, miembro de la Universidad de Columbia y ganador en 2001 del Premio Nobel de Economía, antiguo economista jefe del Banco Mundial y miembro de la Administración Clinton, fue invitado a Tokio por la Agencia para la Cooperación Internacional de Japón (JICA). Después de reunirse con su presidenta, la Sra. Sadako Ogata, pronunció un discurso titulado "Hacer que la globalización funcione en los países en vías de desarrollo", en un seminario celebrado poco después.

En su presentación, Stiglitz abordó muchos de los retos con que se enfrenta la JICA en sus acciones para ofrecer asistencia técnica a los países en vías de desarrollo. Cuando finalice la actual reorganización de la agencia en 2008 tras una fusión con el Banco de Japón para la Cooperación Internacional (JBIC), la Sra. Ogata ha anunciado sus intenciones de ampliar todavía más las investigaciones en áreas como las consecuencias de la globalización en los países pobres.

En su discurso, el profesor Stiglitz presentó sus bien conocidas críticas a las políticas de los países ricos, al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a muchos aspectos de la globalización.

"La globalización económica ha ido más deprisa que la globalización política", dijo al público que le escuchaba, y "la globalización, tal como se ha gestionado, ha perjudicado a la democracia". Para Stiglitz, los países en vías de desarrollo han sufrido la peor parte de este fracaso, y no han disfrutado de muchas de las ventajas que los países avanzados han ido recogiendo de esa transformación.

Ha sido una era marcada por tratados comerciales injustos; políticas agrícolas deformadas; dominio de intereses creados; calentamiento global en donde la principal fuente de contaminación proviene del "norte" industrializado, pero las principales consecuencias se han sentido en el "sur" subdesarrollado; y un aumento de la "diferencia de conocimientos" entre los países pobres y los países ricos.

Stiglitz afirma que las políticas del Banco Mundial y del FMI a menudo han sido erróneas, y como ejemplo afirmó que la imposición de estas directrices hizo que el crecimiento en América Latina durante la década de los años 90 fuese sólo la mitad de lo que había sido en décadas anteriores.

Al final de la Guerra Fría, Estados Unidos de América también dejó escapar la oportunidad de consolidar su liderazgo a nivel mundial y utilizó su posición preeminente para "fomentar intereses comerciales provincianos, a menudo de forma unilateral".

Stiglitz admitió un aumento de la oposición a la globalización, pero dijo que "no se trataba tanto de un rechazo a la globalización en sí misma, sino a la forma en que se ha gestionado, ya que los valores económicos dominan a todos los demás".

"El cambio es inevitable, pero la cuestión es saber si vamos a aplicarlo antes de que se produzca una crisis".

Stiglitz propuso una serie de reformas. Los mercados de los países ricos deben abrirse a los países en vías de desarrollo; deben eliminarse las tarifas contra sus productos, hay que liberalizar los mercados laborales, acabar con el abusivo secretismo bancario, aumentar las ayudas al extranjero y reformar el sistema internacional de reservas financieras.

Debería crearse una Autoridad Internacional sobre la Competencia para su supervisión a nivel mundial, un Tribunal Internacional Comercial para aplicar obligaciones medioambientales legales y, sobre el calentamiento terrestre, el profesor Stiglitz dijo que los países en vías de desarrollo deberían obtener compensaciones por ofrecer servicios medioambientales y por el daño medioambiental sufrido, y que deberían imponerse impuestos ecológicos para que "se graven las cosas malas y no las buenas".

En respuesta a una pregunta, el Sr. Stiglitz recalcó la importancia de fortalecer las estructuras tanto de los estados como de los mecanismos regionales para dar respuesta al reto de la globalización, destacando asimismo la necesidad de una "protección individual", o "seguridad humana".

Este último es un concepto que la JICA ha ido introduciendo cada vez más en sus proyectos. Se trata de un concepto que subraya no solamente la importancia de las infraestructuras estatales, sino también la necesidad de implicar directamente a personas y comunidades locales en áreas como la educación, la salud y las políticas laborales, para poder garantizar su salud y conseguir niveles de vida más altos.

El profesor Stiglitz concluyó su discurso afirmando que "Japón, como segunda potencia económica mundial, tiene una especial responsabilidad y una especial oportunidad de hacer que la globalización funcione", porque su país comprendió en su día el proceso del desarrollo y la necesidad de trabajar por una cooperación pacífica global, y ahora ya está profundamente implicado en ayudar a reducir la pobreza en los países en vías de desarrollo.

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