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Enfoques Latinoamérica

octubre 2011

Un Agujero en el Cielo

Foto Sofisticado equipo japonés midiendo el agujero de ozono

Desde las entrañas de un contenedor de carga blanco reformado, se dispara un rayo láser verde, delgado como una aguja, que penetra verticalmente en los cielos gélidos y despejados en el extremo más austral de Sudamérica.

El haz de 10 mm de diámetro, que llega a alcanzar alturas de 80 kilómetros, ayuda a develar los secretos del llamado "agujero de ozono" – una rotura en la capa de ozono que protege la tierra y gira anualmente sobre la Antártida y los extremos del Cono Sur. Supera 1 ½ vez en tamaño la masa terrestre de los Estados Unidos.

El agujero de ozono, descubierto a fines de los 70 por azorados científicos, deja que radiación prejudicial de alta energía bombardee la tierra y pueda causar cáncer de piel, lastimar los ojos, dañar el sistema inmune y alterar el equilibrio de ecosistemas enteros.

La emisión del haz de láser verde proviene de un radiómetro espectral de ondas milimétricas de alta sensibilidad de la Universidad Nagoya de Japón, que mide perfiles de ozono y es parte de un proyecto internacional que se propone echar luz sobre el fenómeno de la capa de ozono y su agujero.

Bajo el paraguas de JICA, expertos japoneses, en su mayoría del Laboratorio del Medio Ambiente Solar Terrestre de la Universidad de Nagoya, vienen trabajando desde hace varios años con expertos locales en la ciudad de Río Gallegos, en el sur argentino, recopilando y clasificando información sobre el agujero de ozono.

Establecieron su lugar de trabajo en cinco contenedores de carga reformados situados en un remoto aeródromo, que fue elegido porque las frecuentes noches despejadas permiten experimentar con láser sin ningún tipo de impedimento. El radiómetro espectral de alta sensibilidad, cuyo costo es de muchos millones de dólares, fue llevado desde el vecino país de Chile en 2010 en un peligroso viaje que duró días.

Foto Expertos controlando instrumentos científicos en Río Gallegos

Junto con otros equipos sofisticados, el radiómetro les permitió a los científicos investigadores "hacer realidad un sueño", como relata el Dr. Jacobo Omer Salvador, quien pasó seis años trabajando en este "mundo de contenedores" y también recibió capacitación avanzada en Japón.

Además de aportar investigación puramente científica, el proyecto de JICA, también facilitó la implementación de un sistema de prevención que advierte a los residentes de Río Gallegos y alrededores sobre la exposición innecesaria a la radiación UV e incluye un programa de educación para escuelas locales.

Frente al Centro Ambiental Municipal de la ciudad, un dispositivo que funciona como un semáforo, indica con luz verde un nivel de intensidad normal y con rojo o violeta indica la necesidad de tomar medidas de protección. Es posible consultar online las lecturas del sensor.

Los peligros son reales. Una voluntaria del Centro Ambiental Municipal dijo, "Somos muy conscientes del problema. Yo y varios de mis amigos tenemos problemas de piel." Un señor de 57 años que trabajó varios años en el vertedero municipal, señalándose la nariz roja, le dijo a un visitante: "Esto es resultado del problema de la radiación UV. Es una preocupación cotidiana."

Foto Alerta sobre niveles peligrosos de radiación

El agujero debe su origen al desarrollo, en la década del 1920, de refrigerantes no inflamables no tóxicos a partir de clorofluorocarbono. Un importante efecto colateral adverso fue el contacto con la capa de ozono y su gradual desintegración en presencia de luz UV de alta frecuencia.

Puesto que este proceso químico se desarrolla mejor en condiciones de frío, el lugar propicio para la formación del agujero de ozono es la Antártida.

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