25 años de trayectoria: Entrevista al Sr. Alejandro Ríos, Personal local de la Oficina de JICA México

2026.04.01

Alejandro Ríos (Personal local), Ingreso a la oficina de JICA México el primero de abril del 2001 y este año se cumplen 25 años de servicio. En las oficinas de JICA ubicadas en el extranjero no solo trabajan los funcionarios enviados desde la sede en Japón, sino también numerosos colaboradores locales contratados en cada país. Alejandro Ríos es uno de esos profesionales que, durante muchos años, ha apoyado ininterrumpidamente a JICA y ha contribuido a tender puentes entre Japón y México.

El primer encuentro con la economía japonesa

En la década de los 90s, los productos japoneses tenían una fuerte presencia a nivel mundial, especialmente en el sector de los electrodomésticos y la industria automotriz, la vida cotidiana estaba llena de artículos “Hecho en Japón”. Durante sus estudios universitarios, Alejandro eligió la economía japonesa como tema de investigación, a pesar de que la mayoría de los estudiantes se inclinaban por analizar las economías de Europa o de Estados Unidos. En aquel entonces, eran pocos los que se interesaban por el estudio de las economías asiáticas.

Afortunadamente, tuvo la oportunidad de aprender bajo la guía de profesores que habían vivido en Japón y de especialistas en estudios asiáticos. Esa experiencia le permitió no solo profundizar en la economía, sino también comprender el trasfondo cultural del país, algo que le resultó especialmente atractivo. Fue así como decidió comenzar a estudiar japonés durante su etapa universitaria.

Tras graduarse, y a través de la Cámara Japonesa de Comercio, ingresó a la filial mexicana de MAKITA, un reconocido fabricante japonés de herramientas eléctricas. Allí se desempeñó en el área de exportaciones, viajando constantemente por diversos países de Centroamérica. Su experiencia en el sector privado, centrada en el objetivo claro de “incrementar las ventas”, le permitió desarrollar un fuerte sentido práctico para los negocios y adquirir habilidades comerciales valiosas.

El primer contacto con JICA

Alejandro laboro durante 3 años en MAKITA. posteriormente, decidió buscar un nuevo lugar de trabajo y nuevamente se puso en contacto con la Cámara Japonesa de Comercio, donde le recomendaron postularse a una vacante en la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA). A finales del año 2000 presentó su solicitud y, aplico a la vacante disponible para posteriormente en abril de 2001 ingresar de manera oficial a la Oficina de JICA México. En sus primeros años, se desempeñó como encargado del programa de voluntarios. Esa experiencia marcó un punto de inflexión en su carrera. Recorrió diversas regiones del país y participó en proyectos de cooperación en áreas tan variadas como agricultura, salud, educación y educación especial. En aquel entonces, las condiciones de seguridad eran relativamente estables, lo que le permitió desplazarse por carretera desde el norte hasta el sur del país, visitando gobiernos locales y observando de primera mano las realidades de cada comunidad.

A diferencia de su trabajo previo en el sector privado donde el objetivo principal era incrementar las ventas, en los proyectos de desarrollo el centro de atención eran las personas y su calidad de vida. Esto le permitió mirar a México desde una perspectiva completamente distinta y, según comenta, fue la primera vez que pudo comprender a su propio país en un sentido verdaderamente profundo.

Del sector salud y la gestión de desastres a la cooperación triangular, el agua y la industria

Tras su experiencia en el área de voluntarios, Alejandro asumió la responsabilidad de proyectos en los sectores de salud y gestión del riesgo de desastres. Entre las iniciativas que más lo marcaron se encuentran las relacionadas con la cooperación en materia de prevención de desastres. Participó en proyectos con países de Centroamérica, como El Salvador y Guatemala, y se involucró en el marco de la cooperación triangular Japón–México–Países de Centroamérica (JMPP). A través de este Programa, México y Japón unieron esfuerzos para compartir con la región centroamericana sus conocimientos y experiencias en sismos y huracanes, apoyando la creación de sistemas de gestión del riesgo y el fortalecimiento de la capacidad de respuesta ante desastres. Aunque ya había visitado Centroamérica durante su etapa en el sector privado, regresar como parte de JICA le permitió comprender más profundamente los desafíos y realidades de la región.

En la actualidad, está a cargo de los proyectos en el sector ambiental particularmente en el ámbito de los recursos hídricos y del sector industrial. Lleva más de 15 años vinculado a iniciativas de cooperación industrial y ha sido testigo directo de la transformación de la región de El Bajío, donde la presencia de empresas japonesas ha crecido de manera significativa. Ha observado de primera mano cómo una zona tradicionalmente agrícola ha ido avanzando hacia la industrialización, siendo parte activa de ese proceso desde el lugar de los hechos.

El rol del personal local en JICA

A palabras de Alejandro Ríos, «Nosotros, como personal local, comprendemos el sistema institucional de nuestro país, su estructura política y también aquellos temas sensibles propios de cada nación. Esa es nuestra mayor fortaleza».
En JICA, los funcionarios japoneses enviados desde Tokio, rotan cada pocos años. En ese contexto, el personal local desempeña un papel fundamental al mantener el conocimiento continuo sobre las instituciones locales, las relaciones clave y el contexto social, actuando como un puente entre ambos países. Si bien, por la estructura organizacional, las oportunidades para participar directamente en la toma de decisiones son limitadas, en los últimos años ha aumentado la frecuencia con la que se solicita la opinión de Alejandro, gracias a su amplia trayectoria y profundo entendimiento del entorno en México.

El desafío más grande: la brecha cultural

A lo largo de su trayectoria en JICA, Alejandro percibió diferencias claras entre la forma de trabajar en México y en Japón. Por ejemplo, en Japón es común el enfoque “OJT” (On the Job Training), donde se espera que cada persona piense por sí misma, tome iniciativa y actúe en consecuencia. En cambio, en México existe una tendencia más marcada a esperar instrucciones precisas antes de avanzar. Esta diferencia de expectativas —la parte japonesa esperando proactividad y la parte mexicana aguardando directrices— fue, al inicio, algo confuso.
Sin embargo, con el paso del tiempo, Alejandro fue adaptando su manera de trabajar, adoptando una actitud más propositiva y participativa. Hoy en día, los propios funcionarios japoneses recurren a él para conocer su opinión, y dentro de la oficina se ha convertido en una de las personas con mayor experiencia y referencia indispensable en numerosos temas.

La esencia de la cooperación: transformar a las personas

El trabajo de JICA no siempre produce resultados visibles como carreteras o edificios. La mayor parte de los esfuerzos se centra en el fortalecimiento de capacidades para la formulación de políticas, la mejora institucional y la construcción de bases a largo plazo. Para Alejandro, el verdadero sentido de la cooperación reside en ese proceso continuo: la acumulación de políticas y, sobre todo, el cambio en la manera de pensar de las personas.
«A través de la cooperación, la gente cambia. Cambia su forma de pensar. Y creo que eso es lo más importante. Los funcionarios que participan en cursos de capacitación o en proyectos regresan a sus instituciones con nuevas perspectivas. Esa acumulación de experiencias se convierte con el tiempo en políticas públicas y transforma el funcionamiento de la sociedad. El trabajo en JICA es, en esencia, sembrar semillas para el futuro».

La razón por la que ha podido continuar durante 25 años

La continuidad de una trayectoria de 25 años en JICA según Alejandro, se debe a las relaciones humanas que ha construido dentro de la institución. Más que el trabajo en sí, han sido la confianza y el compañerismo con colegas y superiores lo que le ha permitido mantenerse firme a lo largo del tiempo. Incluso en los momentos difíciles de su vida personal, encontró apoyo y cercanía con su equipo, vínculos que han dejado una huella duradera en su carrera.
«Hubo momentos en los que consideré regresar al sector privado. Sin embargo, al final, quedarme en JICA fue la decisión más natural para mí. Los lazos entre las personas no se construyen de la noche a la mañana, y para mí eso es invaluable, JICA es mi casa».

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